domingo, 9 de febrero de 2014

Capítulo 9.

POV: Allyson

Escuché el timbre mientras estaba tumbada en el sofá comiendo muchas palomitas en un bol de color azul turquesa. Antes de que me levantara, vi como mi hermano se acercaba hacia la puerta.
-Hola, Sean!-dijo mi hermano en medio de un largo bostezo.- Ahí tienes a la cabra loca.-dijo mientras me señalaba con un dedo.
-Ey, ey!! Aquí de cabras locas,  nadie.¿Me oyes?-dije poniéndome de pie de un bote en el sofá. Reímos. La verdad es que tenía unas pintas de loca: calcetines que cubrían todo mi pantalón, un moño deshecho y una camiseta de mi hermano que me venía enorme. Baje de un salto y me dirigí hacia mi cuarto.- Voy a cambiarme, no tardo.
-Ya, como si eso fuese posible.-dijo mi hermano en medio de un bufido. Sean y él chocaron las manos.
-¿Por qué no te has arreglado antes?-inquirió Sean.
-Por perrería.-dijimos mi hermano  y yo al unísono. Nos reímos.
Me sentía realmente feliz, notaba como cada "pizca" de alegría recorría mi cuerpo siendo transportada por cada una de mis venas. La sonrisa de idiota no se me quitaba de la cara. Llegué a mi cuarto, que por primera vez estaba ordenado: muy raro en mi. Fui hacia mi baño particular  y descubrí con horror y risa mi aspecto: era deprimente. Me encogí de hombros y me metí en una ducha fría. Me gustaba ducharme con agua bien fría, incluso en los inviernos más gélidos. Me hacía sentirme viva, sentir esa sensación...algo extraño. No tarde ni 10 minuto en ducharme. Cogí unos jeans de color azul  pastel y una camisa con pájaros de colores. Me puse mis vans preferidas y mi gran bolso de tonos neutros. Maquillé un poco mi cara, cepille mi larga melena de forma desesperada: me moría por pasar un rato con él. Mordí mi labio inferior al pensarlo, al pensar que estaríamos, prácticamente, todo un finde juntos. Algo de rímel para mis pestañas y un poco de colorete para dar color. Baje las escaleras de forma apresurada, no sin antes verme 5 veces en el espejo. "Respira, Allys. Es sólo un chico" me dije a mi misma, mientras que mi subconsciente decía "Un chico increíblemente guapo y atractivo". Ladeé mi cabeza hacia varios lados y baje.
Ambos estaban en el sofá mientras comentaban algo del último partido de Rugby. Ninguno noto mi presencia por ello carraspeé fuerte y exageradamente. Se giraron.
- Si estás esperando a qué te digamos lo guapa que vas, olvídalo.-dijo mi hermano.
-Sí, la verdad es que das algo de pena vestida así. Además no he traído ningún discurso para la ocasión.-se excusó encogiéndose de hombros.
Me quedé con la boca abierta y entonces empezarón sus risas.
-Panda de idiotas!-dije fingiendo un absoluto cabreo. Mi hermano se dio cuenta pero Sean no, y estaba preocupado.
Mi hermano también se percató que Sean estaba preocupado por ello, el muy canalla le dijo:
-Suerte con la fiera.-mientras le daba una palmada en la espalda y desaparecía de nuestro campo d visión.
Se levantó sin decir nada y nos fuimos. Fuera estaba su coche de color rojo satén. Parecía nuevo, realmente  nuevo, estaba curiosa pero mantuve la compostura.
"Bendito Karma".-pensé.

POV: Sean

Estaba algo abrumado, pensaba que estaba realmente enfadada. Tenía una mirada fría y una cara inescrutable. Trague saliva y me armé de valor:
-Allys, yo, bueno estaba de broma...-empezaba a balbucear. Jamás me había sentido así.-bueno, no sé...tú te ves preciosa siempre.-dije mirando hacia la carretera.
Escuché como alguien empezaba a reírse de forma acalorada, como si hubiera aguantado la risa durante mucho tiempo y eso es lo que le ocurría a ella: había aguantado tanto que había explotado. La miré de reojo empezando a entender todo y sonriendo por dentro aunque por fuera me sentía estúpido.
-Pero que tonto eres!.-dijo mientras me miraba con aquellos dulces y tiernos ojos grisáceos.
Estuvimos hablando de su hermano, de sus rutinas, me contó como era su vida antes de venir aquí, de sus antiguas amigas, del tiempo que hacía en su ciudad natal, de lo que solía hacer allí,...Hablaba mucho y gesticulaba en cada palabra. Tenía una pequeña y adorable manía: se mordía el labio inferior. Pero aquello me volvía loco, me traía de cabeza a la locura. Su respiración era agitada. En más de una ocasión tuve que recordarle que respirara.
-Lo siento, hablo demasiado. Paul lo dice, dice que es difícil tratar conmigo, por qué cómo no callo pues la gente se suele sentir desesperada...-empezó a decir mientras movía rápidamente las manos. Estaba nerviosa.
-Pues no es mi caso.-dije de repente.- Para mi cada segundo que pasó contigo es cómo estar en el paraíso.-dije
Ya no me avergonzaba de lo que decía ni me arrepentía de ello. Tampoco lo ocultaba por que no lo consideraba ni necesario ni maduro. Me gustaba aquella chica, me gustaba muchísimo. Más de lo que las otras mujeres me habían gustado. Note cómo se sonrojaba y una sonrisa se escapo de mis labios.
-Yo siento lo mismo.-dijo con un suave tono.
Aquello sonó como gloria en mis oídos. Llegamos a la bolera. Apenas había gente, pero sí varias personas del instituto que no pudieron disimular sus miradas de incredulidad. Pero ni a ella le molestó ni a mi me importó. Era obvio que ellos pensaban que ella era una más, pero yo sentía que no era así. Que ella sería la única. Empezamos a jugar. Pensaba que apenas podía levantar la bola y me ofrecí a ayudarla pero para mi sorpresa no fue así: rechazó mi ayuda, algo que me confundió, y tiro la bola tirando todos los bolos excepto dos.
-Ánimo héroe! Intentaré no dejarte muy mal delante de tus amigos.-susurró mientras miraba a los chicos y chicas que nos miraban curiosos.
Sonreí. Siempre conseguía sorprenderme.
Estuvimos 2 horas y media jugando entre risas, agarres, piques y muchas, muchas miradas, hasta que al final a las 8:00 decidimos volver a casa. Nos dirigíamos hacia el coche cuando escuche sus tripas sonar de forma ensordecedora. Se avergonzó.
-Gracias, amiga.-dijo en un tono apenas audible.
-Tranquila. Vamos a comer algo.-dije sonriendo. Una buena excusa para pasar más tiempo con ella.
-Sorry baby! He quedado con Paul para cenar, ¿te apuntas?-dijo de repenté.
-Claro.-sonreía como un idiota, lo notaba y estaba seguro que ella lo notaría.
Llegamos a su casa entre risas y largas conversaciones. El gran cielo oscuro nos ofrecía una capa de brillantes estrellas sobre nuestras cabezas. Me apasionaba la astrología y me entusiasmaba la idea de poder explicarle a ella cada una de las constelaciones. Entramos a su casa y un olor a pizza casera embriagaba el ambiente. Por detrás de la barra americana apareció su hermano con una sonrisa adornando su cara.
-¿Qué tal ha ido?-inquirió.
Allyson estaba apunto de hablar pero vaciló así que me adelante:
-No veas el repaso que le he pegado.-exageré. Me había ganado en todas menos 1.
Ella iba a reclamar pero le tape la boca. Varias carcajadas hicieron eco en aquella casa.
Me sentía totalmente en familia, nos reíamos y actuábamos de un modo que parecía que nos conocieramos de toda la vida. Veíamos programas de la TV mientras comentábamos toda serie de paridas. La risa de Allyson se me clavaba en mi cabeza, era un repiqueteo constante tan dulce y tierno que me embobaba demasiadas veces. Mire el reloj de reojo: 23:30. Llevaba más de 6 horas sin aparecer por casa y prometí a Fred salir esa noche con ellos.
-Allyson, me tengo que ir. Es tarde y he quedado con Fred y estos.-dije rascándome la cabeza.
Note como su mirada se apagaba y algo dentro de mi, no sé que exactamente, tuvo la ansiedad de protegerla de decirle que volvería.
-No te preocupes! Te he raptado mucho tiempo. Pásatelo bien, caníbal.-dijo mientras abría la puerta de su casa.
Me despedí de su hermano hacía dos horas: se fue de fiesta. Me aterraba dejarla allí sola, algo que no comprendía pues ella no corría peligro. La mire apenado y me detuve en sus labios sonrosados y carnosos. Deseaba probarlos, me incitaban pero quería hacer las cosas bien y más ahora que eramos muy buenos "amigos". Me acerqué a ella, guiado por un impulso, acerque mi mano a su mejilla: su tacto era suave e incluso podría decir que era tentador. Nos miramos durante que sé yo, sólo sé que mis deseos de ir despacio iban atenuándose mientras me acercaba a su boca. Nuestros ojos no dejaron de fijarse ni un sólo segundo. Y justo entonces sonó mi móvil. Era Alex.
Lo maldije por dentro. Volvía a meter mi móvil en el bolsillo y vi ese tono melocotón adornando sus sonrosadas mejillas. Me acerqué a una de ellas, con el deseo de devorarlas a besos y le di un tierno beso.
-Hasta mañana preciosa!-dije con un tono de voz tan triste que me sorprendió.


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