POV: Sean
No sé cuanto tiempo estuvimos así, besándonos. Sintiendo que pertenecíamos el uno al otro, que jamás en la vida podría encontrar otros labios que encajaran tan bien con los míos, que hicieran sentirme esto que sentía, algo que era casi imposible de explicar mediante palabras.
Supe que ella, desde aquel momento, que ella sería la dueña de mi corazón para siempre.
POV: Allyson
Tenía que estar soñando, tenía que ser un sueño. Era demasiado perfecto. Estuvimos...qué sé yo de tiempo, besándonos. Pero desgraciadamente, mi cuerpo me pedía oxígeno. Lo maldije internamente. Me estaba empezando a ahogar. Sólo entonces me separé lentamente de él, con tristeza por estar separada de sus labios tan dulces. Sabían a menta.
Le miré a los ojos. Los tenía cerrados, los abrió lentamente y una sonrisa se asomo por su boca. Me abrazó fuertemente y sentí por primera vez en mi vida, que nada me haría daño jamás. Es verdad que Paul me abrazaba mucho, pero no se podía comparar ese abrazo con este.
-¿Vamos dentro?-dije de repente.
No es que me apeteciera mucho para ser sincera, pero quería bailar, necesitaba sacar toda esa felicidad fuera. Había decidido darle una oportunidad, un voto de confianza y se lo ganó, y bien merecido.
-Claro, princesa.-dijo mientras su mano se entrelazaba a la mía. Jamás dos manos habían encajado de manera dinámica. Beso mi frente con tanta ternura que me hubiera derretido allí mismo.
Abrimos la puerta e hicimos caso omiso a las miradas de la gente y a sus cuchicheos. Podía ver con el rabillo del ojo como aquella pelirroja ardía en furia y sin querer, una sonrisa brotó de mi cara.
Sus amigos también miraban estupefactos. Él se acercó a ellos, pero antes de que pudiera presentármelos me fui hacia Meredith quien mostraba una sonrisa triunfal: la llamé para contarle lo que había pensado. Era una de las mejores amigas que tenía.
-Por lo visto, ha ido bien.-dijo Meredith guiñándome un ojo
-Muy bien, Meredith. Muy bien.-repetí mientras notaba como Dan se iba. No me importó.
Nos pusimos a bailar enseguida, la música sonaba a todo compás y mis caderas no dejaban de seguir el ritmo. De vez en cuando Jane sacaba su cámara y hacía fotos. Realmente no sé cuantas fotos nos hicimos y lo peor, no sé cuantas nos hicimos en las que yo saliera decente. Didak se ofreció a traernos más bebidas y llegó cargado de cubatas. Creo recordar que era el 4º , pero no me encontraba mal, para nada. Rebosaba de alegría.
De repente sin saber muy bien que pasó, me quede a solas: Meredith y Didak se fundieron en un baile, Jane se besaba con un corpulento chico de tez blanca y yo me quedé en la pista mirando a Dan. Fui a dar media vuelta y justo entonces lo vi.
-Te estaba empezando a echar de menos.-susurró en mi oído.-Bailas increíblemente sexy.-sonrío
No pude evitar esbozar una sonrisa y sonrojarme. El se agarró a mi cintura y yo me volví a colgar de sus brazos. Nos miramos mientras bailábamos la típica canción que bailan las parejas en los típicos bailes.
Alguien tocó mi brazo y ambos nos giramos. Era Jane.
-¿Queréis que os haga una foto? Así la podréis recordar siempre.-dijo Jane sonriéndonos de manera tímida. Sabía que Sean imponía mucho, sobretodo a las chicas del instituto.
Ambos asentimos. Sean besó mi cabeza mientras sus brazos me rodaban y Jane dio el flash. Le encantaba la fotografía, quería dedicarse a eso, profesionalmente. Nos sonrío, habló un rato con nosotros y se fue en busca de su chico.
POV: Sean
La fiesta había terminado. Fuimos de los últimos en salir. Prometí a mis amigos presentarles a Allyson el lunes.Todos se alegraron e incluso apoyaron la decisión que tomé: esa responsabilidad que jamás había tenido me hacía "ser un hombre mejor" me dio Carol. Y así era, así me sentía.
Empezamos a salir de la fiesta y nos dirigimos hacia mi coche. Le abrí la puerta a Allyson y ella se empezó a reír.
-¿Qué ocurre? Estoy siendo un caballero.-dije algo inocente.
-No te pega nada.-dijo con las manos en jarra.
La miré de nuevo y me derretí. Iba extremadamente sexy.
-¿Quieres un babero?-dijo de pronto.
-No, niña creída. Mejor tráeme una fregona para limpiar tus babas.-dije en tono egocéntrico.
-¿Mis babas?-dijo escéptica mientras abría sus grandes ojos y se metía dentro del coche.
-Sí, enfermerita. Sé que te mueres por este Frankstein.-me mofé.
Volvimos a reír.
-Eso quisieras.
Le comenté el deseo de mis amigos, sobretodo de Carol, por conocerla y no pareció disgustarle, excepto que se negaba a conocer a Amanda, algo totalmente lógico contando todas las humillaciones que le había hecho. Llegamos a su casa y la noté extraña.
-¿Te ocurre algo, princesa?-inquirí algo preocupado.
-No, no es nada.
-Pero algo es.-dije
-Bueno, es sólo...que al decir de presentarme pues sonaba como si fuera tu...tu...tu novia-dijo al fin.
-¿Y? ¿Qué tiene de malo eso?-dije sin entender nada.
-No, nada. Pero que es eso, no sé que soy para ti.-dijo de pronto.
-Ahora tú eres mi presente y futuro, la dueña de mi corazón.-dije
Ella se acercó con los ojos lagrimosos, brillantes, y posó sus delicadas manos en mi rostro. Me acercó hasta ella y nos volvimos a fundir en un beso mágico.
Nuestras caras se iban acercando mientras nuestros ojos se fijaban. Pase mis manos por su cara y acabe con aquella maldita distancia que me estaba matando y la...besé. La besé tiernamente. Mis labios estaban calientes mientras que los suyos fríos y tan suaves.
Ella se acerco más a mi, haciendo que aquel beso fuera más pasional. Mis manos volvieron a bajar a su cintura atrayendola hacia mi. Mi cuerpo gritaba Allyson. Los vellos de mi nuca se erizaron y los poros de mi piel brotaban de alegría.
Sus labios carnosos eran un manjar para mi, tan dulces y sabrosos. Abri pasó a mi lengua, en búsqueda de la suya y no tuvo dificultad en encontrarla. Ambas se unieron en una danza rítmica mientras yo sentía que volaba.
No sé cuanto tiempo estuvimos así, besándonos. Sintiendo que pertenecíamos el uno al otro, que jamás en la vida podría encontrar otros labios que encajaran tan bien con los míos, que hicieran sentirme esto que sentía, algo que era casi imposible de explicar mediante palabras.
Supe que ella, desde aquel momento, que ella sería la dueña de mi corazón para siempre.
POV: Allyson
Tenía que estar soñando, tenía que ser un sueño. Era demasiado perfecto. Estuvimos...qué sé yo de tiempo, besándonos. Pero desgraciadamente, mi cuerpo me pedía oxígeno. Lo maldije internamente. Me estaba empezando a ahogar. Sólo entonces me separé lentamente de él, con tristeza por estar separada de sus labios tan dulces. Sabían a menta.
Le miré a los ojos. Los tenía cerrados, los abrió lentamente y una sonrisa se asomo por su boca. Me abrazó fuertemente y sentí por primera vez en mi vida, que nada me haría daño jamás. Es verdad que Paul me abrazaba mucho, pero no se podía comparar ese abrazo con este.
-¿Vamos dentro?-dije de repente.
No es que me apeteciera mucho para ser sincera, pero quería bailar, necesitaba sacar toda esa felicidad fuera. Había decidido darle una oportunidad, un voto de confianza y se lo ganó, y bien merecido.
-Claro, princesa.-dijo mientras su mano se entrelazaba a la mía. Jamás dos manos habían encajado de manera dinámica. Beso mi frente con tanta ternura que me hubiera derretido allí mismo.
Abrimos la puerta e hicimos caso omiso a las miradas de la gente y a sus cuchicheos. Podía ver con el rabillo del ojo como aquella pelirroja ardía en furia y sin querer, una sonrisa brotó de mi cara.
Sus amigos también miraban estupefactos. Él se acercó a ellos, pero antes de que pudiera presentármelos me fui hacia Meredith quien mostraba una sonrisa triunfal: la llamé para contarle lo que había pensado. Era una de las mejores amigas que tenía.
-Por lo visto, ha ido bien.-dijo Meredith guiñándome un ojo
-Muy bien, Meredith. Muy bien.-repetí mientras notaba como Dan se iba. No me importó.
Nos pusimos a bailar enseguida, la música sonaba a todo compás y mis caderas no dejaban de seguir el ritmo. De vez en cuando Jane sacaba su cámara y hacía fotos. Realmente no sé cuantas fotos nos hicimos y lo peor, no sé cuantas nos hicimos en las que yo saliera decente. Didak se ofreció a traernos más bebidas y llegó cargado de cubatas. Creo recordar que era el 4º , pero no me encontraba mal, para nada. Rebosaba de alegría.
De repente sin saber muy bien que pasó, me quede a solas: Meredith y Didak se fundieron en un baile, Jane se besaba con un corpulento chico de tez blanca y yo me quedé en la pista mirando a Dan. Fui a dar media vuelta y justo entonces lo vi.
-Te estaba empezando a echar de menos.-susurró en mi oído.-Bailas increíblemente sexy.-sonrío
No pude evitar esbozar una sonrisa y sonrojarme. El se agarró a mi cintura y yo me volví a colgar de sus brazos. Nos miramos mientras bailábamos la típica canción que bailan las parejas en los típicos bailes.
Alguien tocó mi brazo y ambos nos giramos. Era Jane.
-¿Queréis que os haga una foto? Así la podréis recordar siempre.-dijo Jane sonriéndonos de manera tímida. Sabía que Sean imponía mucho, sobretodo a las chicas del instituto.
Ambos asentimos. Sean besó mi cabeza mientras sus brazos me rodaban y Jane dio el flash. Le encantaba la fotografía, quería dedicarse a eso, profesionalmente. Nos sonrío, habló un rato con nosotros y se fue en busca de su chico.
POV: Sean
La fiesta había terminado. Fuimos de los últimos en salir. Prometí a mis amigos presentarles a Allyson el lunes.Todos se alegraron e incluso apoyaron la decisión que tomé: esa responsabilidad que jamás había tenido me hacía "ser un hombre mejor" me dio Carol. Y así era, así me sentía.
Empezamos a salir de la fiesta y nos dirigimos hacia mi coche. Le abrí la puerta a Allyson y ella se empezó a reír.
-¿Qué ocurre? Estoy siendo un caballero.-dije algo inocente.
-No te pega nada.-dijo con las manos en jarra.
La miré de nuevo y me derretí. Iba extremadamente sexy.
-¿Quieres un babero?-dijo de pronto.
-No, niña creída. Mejor tráeme una fregona para limpiar tus babas.-dije en tono egocéntrico.
-¿Mis babas?-dijo escéptica mientras abría sus grandes ojos y se metía dentro del coche.
-Sí, enfermerita. Sé que te mueres por este Frankstein.-me mofé.
Volvimos a reír.
-Eso quisieras.
Le comenté el deseo de mis amigos, sobretodo de Carol, por conocerla y no pareció disgustarle, excepto que se negaba a conocer a Amanda, algo totalmente lógico contando todas las humillaciones que le había hecho. Llegamos a su casa y la noté extraña.
-¿Te ocurre algo, princesa?-inquirí algo preocupado.
-No, no es nada.
-Pero algo es.-dije
-Bueno, es sólo...que al decir de presentarme pues sonaba como si fuera tu...tu...tu novia-dijo al fin.
-¿Y? ¿Qué tiene de malo eso?-dije sin entender nada.
-No, nada. Pero que es eso, no sé que soy para ti.-dijo de pronto.
-Ahora tú eres mi presente y futuro, la dueña de mi corazón.-dije
Ella se acercó con los ojos lagrimosos, brillantes, y posó sus delicadas manos en mi rostro. Me acercó hasta ella y nos volvimos a fundir en un beso mágico.

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