lunes, 10 de febrero de 2014

Capítulo 10.

POV: Sean

Los rayos fríos de octubre iban calándome por todo el cuerpo. Me dolía absolutamente todo. Recordé vagamente la noche de ayer: bebidas,Fred, amigos, alcohol, chicas, Alex, una morena de labios rojos me guiñaba el ojo, más alcohol, música a toda ostia, bailes, la misma morena más cerca...pero ya está. No sabía quien era ni su nombre, ni si había ocurrido algo. Mire de reojo la hora: 13:30. Me levanté de un bote, algo de lo que me arrepentí en seguida pues los efectos del alcohol hicieron que me mareará profundamente. Había quedado con Allys, es cierto que no dijimos una hora pero...oh, mierda! Me dije a mi mismo.
Anoche no quería recogerme pronto pero por una y por otras al final acabe llegando a mi casa a las 8 de la mañana.
Me vestí apresuradamente y fui corriendo a la cocina. Aún me dolía la cabeza, pero no quería desaprovechar la oportunidad de verla. Mi madre me miraba con recelo. Estaba enfadada, lo podía notar. No me dijo nada, me castigo con su silencio durante más de un mes. Algo horrible ya que me tenía que encargar yo sólo de todos mis asuntos. Salí de casa y me dirigía a la suya cuando la vi. Y sentí que mi dolor de cabeza, el agarrotamiento de mis músculos y la debilidad de mis huesos se desvanecían en ese instante.
Llevaba una camiseta grande, como una XL, unos jeans negros bastantes desgastados y unas deportivas viejas. Tenía unos cascos mientras pintaba alegremente. Me acerqué a ella y le toqué la espalda. Se sobresaltó de una forma exagerada. Me miro con esos profundos ojos y después de un rato, sonrío.
-Creía que ya no venías así que me tomé la molestia de empezar.-dijo mientras dejaba una brocha en un cubo de pintar. En el bote ponía "Blanco roto". Habían otras tonalidades como Amarillo Napoles, Amarillo Ocre y Amarillo Mostaza.
-No, me quedé durmiendo. Anoche se lío la cosa.-dije encogiéndome de hombros mientras algo extraño pasaba por mi mente. Tenía la vaga sensación de que aquella moreno de labios color rojo satén y yo había habido algo más que miradas.
-Bueno, empecemos pues.-dijo. Agradecí que no me preguntara demasiado por al salida de anoche.No recordaba mucho de la noche anterior y no estaba seguro de querer hacerlo. Estuvimos un rato callados, hasta que rompimos el silencio: le pregunté más cosas de ella. Necesitaba saber que le gustaba, que era lo que le apasionaba hacer en sus momentos de libres, sus "hobbies", cual era su sitio preferido en el mundo,...
-Oye, yo también quiero saber cosas de ti.-dijo de repente.-Te interesa mucho lo mío, pero a mi también me interesas tú.-dijo clavando sus pupilas en las mías. Me embobe, como un loco. Como un loco enamorado.
-Bueno, ¿y qué quieres saber de mí?-estaba pintando con sumo cuidado los bordes de la puerta.-No hay nada de misterioso.
Me preguntó sobre mi película favorita, sobre mi familia, se intereso muchísimo en mi hermana pequeña Holly, y aquello me inundo de ternura, me preguntó sobre mi futuro,...
Estuvimos así dos horas, hasta que mi estómago rugió como un león y me aparté. Ella empezó a reírse.
Sacó una pizza casera y nos sentamos en el porche mientras contemplábamos como los árboles yacían desnudos. Suspiró y deseé con todas mis fuerzas ser la causa de ese suspiro. De poderlo ser.
Se levantó de pronto, y mientras  yo miraba atontado como una hoja caía lentamente del árbol, note como mi cara se humedecía. Mire arriba  y la vi con la brocha. Toqué lentamente mi mejilla y en efecto, me había pintado. Deje la pizza a un lado.
-Acabas de cometer un error, princesa. Te arrepentirás de esto.-dije mientras cogía la brocha grande y corría detrás de ella.
Ella se río de mis amenazas pero en sólo 10 segundos la atrapé, la rodeé con mis brazos y pasé la brocha llena de pintura amarilla.
-¿Quién se ríe ahora? ¿Eh? Dime!!-dije al ver que no contestaba mientras se removía entre mis brazos.
Sin darme cuenta me propinó una patada a mis partes sensibles, dejé la brocha y me agazapé mirándola con asombro y odio. Cogió el bote de pintura medio vació y me tiró el resto sin pensarlo dos veces. Me empapo entero.
-El karma siempre está de mi lado. Recuérdalo, héroe.-dijo con una sonrisa triunfante, pero yo no iba a permitir aquello así que en un momento en que ella se despistó debido a sus grandes y sonoras carcajadas la cogí tumbandola en el suelo y ambos fuimos rodando.
Ella pataleaba, mordía, reía, gritaba...pero no la solté y si por mi fuera, hubiéramos estado así siempre. Mientras que mi piel y su piel entraban en contacto, mientras que podía notar su cálido aliento sobre mis mejillas. Nos miramos y aquello me recordó a la vez que hicimos novillos, creo que ella también se acordó por qué sonrío y  noté como aquella sonrisa se adueñaba de mi felicidad.


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