POV: Sean
Pasaron dos semanas de manera lenta, muy lenta. Y cada vez me desesperaba y me frustraba al ver que las oportunidades de hablar con ella se me escurrían entre los dedos como si fuese agua.
Aquel viernes la clase había quedado en el CCK, un bar de tapas y cañas de mi pueblo, y decidí ir para despejarme y para olvidar a esa chica. A ella.
La clase de dibujo técnico se retraso demasiado. El maestro tardo muchísimo en explicarnos el diédrico, y muchos de los alumnos tardamos en que el dibujo saliera perfecto. Con las medidas perfectas en cada línea. No es que fuera un estudiante de sobresaliente, pero en dibujo técnico disfrutaba haciendo tangencias y trazados básicos. Por eso me exigía a mi mismo más nota que cualquier otra asignatura.
Salí de clase contento, me había sacado un 9,8 en la prueba de diédrico, aunque he de decir que tarde más de una hora y media en hacerlo perfecto, o casi perfecto. Mientras caminaba hacia la salida del instituto me encontré con ella. Entonces vi mi oportunidad y como un tigre hambriento que acecha a un grupo de ciervos decidí cuidar cada uno de mis pasos.
Me giré y cogí la dirección del pasillo de la izquierda, así llegaría al mismo punto y parecería casual. Una vez llegué gire nuevamente a la derecha y baje los escalones de dos en dos y cuando escuche algo, solo entonces aminoré el paso.
-Hola.-le dije alegremente.
Me miro algo sorprendida. Se quito los auriculares de las orejas.
-Hola, Sean! ¿Sales ahora de clase?-pregunto extrañada. Me sorprendió que se supiera mi nombre, pero recordé que varias veces en clase me llamaban o...quizá había preguntado por mi.
-Si, es que hemos estado haciendo una especie de examen en diédrico; y tú, ¿de dónde vienes?-dije curioso
-Pues estaba en la biblioteca repasando matemáticas.-se le notaba cansada y algo apenada.
Matemáticas. Otro de mis puntos fuertes. No necesitaba machacarlas para entenderlas. Con dos ejercicios por tipo de problema y ya sabía hacer todos los problemas que se me plantearan. Bueno, todos no sé, pero casi todos.
-¿Quieres que te eche un cable?-de repente en mi mente brotó esa idea de manera inmediata. Si le daba clases pasaría tiempo con ella y era una buena forma de conocerla, bueno de conocernos. Ella levantó la cabeza, ruborizándose, pero no hasta el punto de alcanzar ese tono anaranjado que tanto me gustaba.
-No quiero molestar, Sean. Tú tienes tus cosas y yo....-le corte.
-No es problema, de verdad que no.
Sonrío tímidamente. Durante el trayecto a nuestras casas estuvimos hablando de muchas cosas: de mi nota en dibujo, de sus primeros días de clase, de como lo haríamos con las clases de matemáticas ... Notaba que había algo, quizá eso que la gente llama "química" o feeling entre nosotros. Es curioso que lo notara tan pronto quizá es porque nunca antes me había llegado a entusiasmar tanto por alguien de esa forma.
-Oye, Allyson.¿Dónde vives, exactamente?-dije al darme cuenta que mi casa estaba no muy lejos.
-En Road Park. Es una especie de valle donde hay varias casas de madera, muy rústicas.
El karma estaba siendo justo.
-Osea, eres mi vecina nueva.-traduje.
Al igual que yo se sorpendio mucho.
*********************************************************************************
POV: Allyson
Agradecí enormemente al destino por encontrarme con Sean y por que fuera mi profesor particular de matemáticas. Aquel chico me atraía enormemente.
Me gustaba hablar con él, me sentía realmente cómoda al contarle mis pensamientos o cualquier sentimiento.
Llegamos a mi casa, estaba detrás justo de la suya, según me indico él.
-Muchas gracias. Me ha gustado mucho hablar contigo.-dije con una sonrisa que supuse que era de idiota en la cara.
Sonrío abiertamente, como si aquello le hubiera hecho muy feliz.
-Es agradable hablar con una chica tan guapa y tan lista como tú.
Le miré sorprendida. Varios comentarios de Meredith aparecieron de repente pero decidí reprimirlos. Había decidido no juzgarlo. No me parecía justo. Mi madre siempre había dicho que no hay que hacer caso a los comentarios, que lo mejor para conocer a una persona es entablar una relación con dicha persona, y eso iba hacer.
Volví a la realidad. Me miraba. Con sus penetrantes ojos marrón chocolate, de una manera divertida. Estuvimos un tiempo mirándonos mientras sin darnos cuenta nuestros cuerpos se aproximaban con suma lentitud. Pero por desgracia sonó mi móvil.
-Si...si, ya voy. Ajá. Vale, cara culo-dije riéndome.-Era mi hermano. Esta preocupado.-dije mientras me encogía de hombros.
-Normal. Es que la juventud de hoy en día no respeteaís nada. Que vergüenza! -dijo en tono neutro.
Me quedé con la boca abierta pero supe contestarle:
-Perdone usted, anciano.
Nos echamos a reír como dos amigos que se conocen de toda la vida.
-Bueno, hasta mañana Sean.
-No, hasta mañana no. Hasta las 6:30 en nuestra "first class de maths"-dijo en acento inglés con varios errores gramaticales. Volvía a reír.
-Bueno, pues hasta las 6:30, payaso.- dije mientras me alejaba sacándole la lengua.
-Te arrepentirás de haberme llamado así, te arrepentirás. -decía a grito pelado.
Y pensar, que sólo deseaba que fueran las 6:30 para verle. Para ver sus profundos e intensos ojos marrones. Para ver su torcida y traviesa sonrisa.. Oh, oh...
Pasaron dos semanas de manera lenta, muy lenta. Y cada vez me desesperaba y me frustraba al ver que las oportunidades de hablar con ella se me escurrían entre los dedos como si fuese agua.
Aquel viernes la clase había quedado en el CCK, un bar de tapas y cañas de mi pueblo, y decidí ir para despejarme y para olvidar a esa chica. A ella.
La clase de dibujo técnico se retraso demasiado. El maestro tardo muchísimo en explicarnos el diédrico, y muchos de los alumnos tardamos en que el dibujo saliera perfecto. Con las medidas perfectas en cada línea. No es que fuera un estudiante de sobresaliente, pero en dibujo técnico disfrutaba haciendo tangencias y trazados básicos. Por eso me exigía a mi mismo más nota que cualquier otra asignatura.
Salí de clase contento, me había sacado un 9,8 en la prueba de diédrico, aunque he de decir que tarde más de una hora y media en hacerlo perfecto, o casi perfecto. Mientras caminaba hacia la salida del instituto me encontré con ella. Entonces vi mi oportunidad y como un tigre hambriento que acecha a un grupo de ciervos decidí cuidar cada uno de mis pasos.
Me giré y cogí la dirección del pasillo de la izquierda, así llegaría al mismo punto y parecería casual. Una vez llegué gire nuevamente a la derecha y baje los escalones de dos en dos y cuando escuche algo, solo entonces aminoré el paso.
-Hola.-le dije alegremente.
Me miro algo sorprendida. Se quito los auriculares de las orejas.
-Hola, Sean! ¿Sales ahora de clase?-pregunto extrañada. Me sorprendió que se supiera mi nombre, pero recordé que varias veces en clase me llamaban o...quizá había preguntado por mi.
-Si, es que hemos estado haciendo una especie de examen en diédrico; y tú, ¿de dónde vienes?-dije curioso
-Pues estaba en la biblioteca repasando matemáticas.-se le notaba cansada y algo apenada.
Matemáticas. Otro de mis puntos fuertes. No necesitaba machacarlas para entenderlas. Con dos ejercicios por tipo de problema y ya sabía hacer todos los problemas que se me plantearan. Bueno, todos no sé, pero casi todos.
-¿Quieres que te eche un cable?-de repente en mi mente brotó esa idea de manera inmediata. Si le daba clases pasaría tiempo con ella y era una buena forma de conocerla, bueno de conocernos. Ella levantó la cabeza, ruborizándose, pero no hasta el punto de alcanzar ese tono anaranjado que tanto me gustaba.
-No quiero molestar, Sean. Tú tienes tus cosas y yo....-le corte.
-No es problema, de verdad que no.
Sonrío tímidamente. Durante el trayecto a nuestras casas estuvimos hablando de muchas cosas: de mi nota en dibujo, de sus primeros días de clase, de como lo haríamos con las clases de matemáticas ... Notaba que había algo, quizá eso que la gente llama "química" o feeling entre nosotros. Es curioso que lo notara tan pronto quizá es porque nunca antes me había llegado a entusiasmar tanto por alguien de esa forma.
-Oye, Allyson.¿Dónde vives, exactamente?-dije al darme cuenta que mi casa estaba no muy lejos.
-En Road Park. Es una especie de valle donde hay varias casas de madera, muy rústicas.
El karma estaba siendo justo.
-Osea, eres mi vecina nueva.-traduje.
Al igual que yo se sorpendio mucho.
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POV: Allyson
Agradecí enormemente al destino por encontrarme con Sean y por que fuera mi profesor particular de matemáticas. Aquel chico me atraía enormemente.
Me gustaba hablar con él, me sentía realmente cómoda al contarle mis pensamientos o cualquier sentimiento.
Llegamos a mi casa, estaba detrás justo de la suya, según me indico él.
-Muchas gracias. Me ha gustado mucho hablar contigo.-dije con una sonrisa que supuse que era de idiota en la cara.
Sonrío abiertamente, como si aquello le hubiera hecho muy feliz.
-Es agradable hablar con una chica tan guapa y tan lista como tú.
Le miré sorprendida. Varios comentarios de Meredith aparecieron de repente pero decidí reprimirlos. Había decidido no juzgarlo. No me parecía justo. Mi madre siempre había dicho que no hay que hacer caso a los comentarios, que lo mejor para conocer a una persona es entablar una relación con dicha persona, y eso iba hacer.
Volví a la realidad. Me miraba. Con sus penetrantes ojos marrón chocolate, de una manera divertida. Estuvimos un tiempo mirándonos mientras sin darnos cuenta nuestros cuerpos se aproximaban con suma lentitud. Pero por desgracia sonó mi móvil.
-Si...si, ya voy. Ajá. Vale, cara culo-dije riéndome.-Era mi hermano. Esta preocupado.-dije mientras me encogía de hombros.
-Normal. Es que la juventud de hoy en día no respeteaís nada. Que vergüenza! -dijo en tono neutro.
Me quedé con la boca abierta pero supe contestarle:
-Perdone usted, anciano.
Nos echamos a reír como dos amigos que se conocen de toda la vida.
-Bueno, hasta mañana Sean.
-No, hasta mañana no. Hasta las 6:30 en nuestra "first class de maths"-dijo en acento inglés con varios errores gramaticales. Volvía a reír.
-Bueno, pues hasta las 6:30, payaso.- dije mientras me alejaba sacándole la lengua.
-Te arrepentirás de haberme llamado así, te arrepentirás. -decía a grito pelado.
Y pensar, que sólo deseaba que fueran las 6:30 para verle. Para ver sus profundos e intensos ojos marrones. Para ver su torcida y traviesa sonrisa.. Oh, oh...
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