lunes, 30 de diciembre de 2013

Capítulo 3

POV: Allyson

pipipi pi, pipipi pi... El despertador no cesaba de sonar. A tientas intenté apagarlo pero acabo en el suelo como de costumbre. Me levanté de un salto y fui hacia mi armario. Desde que nos mudamos, no hacia mucho la verdad, le dije a mi hermano Paul que quería un armario gigante, y en vez de eso me hizo una habitación para colocar mi ropa, como esas que salen en las películas, fue su regalo de cumpleaños.
Nos mudamos a finales de verano casi, faltaba una semana para empezar el instituto, sin embargo la mitad de la casa estaba aún empaquetada en gigantes cajas de cartón con diversas etiquetas. Tropecé con varias de estas cajas esparcidas en mi habitación hasta que llegue al armario. No tenía mucho colocado así que decidí coger unos leggins negros y una camisa vaquera. Me puse mis botines preferidos y un pañuelo marrón chocolate y baje alegremente por las escaleras.
El olor de café y tortitas embriagaba toda el salón. Y ahí estaba él. Paul. Mi hermano de 20 años. Desde que mis padres murieron me cuido mi tía Becca, pero cuando cumplió la mayoría de edad decidió hacerse cargo de mi. Por eso decimos volver aquí. En este pueblo vivieron mis padres. Era la casa de ellos antes de mudarse a New York.
-Buenos días!-dije mientras giraba sobre mi misma.
-Buenos días!-sonrío Paul al verme.-Para la princesa de la casa
Había preparado tortitas en las que había un mensaje: "You can, darling". Bese a mi hermano y me senté en un taburete al otro lado de la barra americana mientras engullía mis tortitas.
Estuvimos un rato hablando hasta que me di cuenta que era la hora de ir a clase. Cogí la mochila y salí corriendo.
-Suerte, enana.-Paul cogió su chaqueta de cuero y sus gafas y lo perdí de vista.
Llegue al edificio. Miles de alumnos estaban parloteando y riendo sin parar. Suspiré. Echaba de menos mi antiguo instituto, mis amigas,...pero ahora había que empezar de nuevo, por Paul y por mi. Él estaba muy ilusionado con venir aquí, le había salido un trabajo y debía esforzarme.
Al llegar a las escaleras vi de nuevo aquel grupo de chicos y chicas que tres días antes estaban allí. Se me quedaron mirando fijamente, así que opte por centrar mi vista en el suelo y seguir andando. Aquel chico...mmm Bennet...no dejaba de mirarme y la verdad es que me intimidaba muchísimo, lo cual no entendía por qué. Pero había algo, algo en aquel chico descarado que llamaba mi atención.

Las clases pasaban lentamente. No me aburría demasiado pero mi mente estaba en otro mundo. Empecé a dibujar cosas abstractas en mi cuaderno de dibujos. Alguien toco mi espalda por lo que cerré mi cuaderno de manera inmediata. Un chico de pelo oscuro y ojos verdosos me sonreía.
-Hola! Me llamo Dan. No tuve ocasión de presentarme los días anteriores, porque pensé que te agobiaría y bueno...encantado.-dijo sonrojándose.
-Encantada, soy Allyson, pero puedes llamarme Allys.-dije dándole dos besos.
Noté como varios me miraban. No entendía como se presentaban allí pero yo siempre daba dos besos.
Aquel chico seguía mirando, pero su mirada era fría. Me dio un escalofrío. Meredith me hizo toquecitos en el brazo para que fuéramos hacia la cafetería y así hicimos. Ella, el chico Dan, Jane, otra amiga, y Didak, el novio de Meredith.
Sin embargo, en mi cabeza revoloteaban preguntas y dudas. ¿Por qué aquel chico me había mirado así? ¿Le molestaba mi presencia? No entendía nada, decidí preguntarle a Meredith.
-Se llama Sean, Sean Bennet. Es el típico chico duro por el que las chicas suspiran.-miro mi cara. Le estaba mirando y él hablaba con sus amigos y una chica pelirroja.- Esa era su novia. No es que sea de mi agrado pero cuando la dejó lo paso francamente mal. Creo que sigue colada por él.
Decidí centrarme en otras cosas, pero  de vez en cuando no podía evitar dirigir una mirada a aquella mesa. A aquel chico. A Sean.


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